¿Y QUE RAYOS CELEBRAMOS EL 12 DE OCTUBRE?


 

     En las escuelas publicas y privadas celebraron el llamado Día de la Raza. Los periódicos murales de las escuelas se vistieron de coloridas imágenes que recordaban al almirante Colon como todo un gran héroe. Dependencias gubernamentales dieron el día libre a sus trabajadores. ¿Desde cuando es motivo de celebración la llegada del asesino Cristóbal a estas tierras?.


     Antes de 1492 se habían desarrollado en estas tierras de manera sorprendente algunas culturas, culturas cuyos vestigios siguen guardando sorprendentes misterios y que en muchos aspectos eran superiores a las que se desarrollaron en el Viejo Continente. Los aztecas por ejemplo, desarrollaron toda una civilización: en medicina no tenían rivales, su sistema de salud era simplemente extraordinario, en la arquitectura huelgan los comentarios (muchas de las pirámides que no destruyeron los españoles siguen siendo objeto de estudio, construidas por “salvajes”, como cariñosamente llamaron a nuestros padres). Sin temor a equivocarnos podemos asegurar que la cultura que se desarrolló en torno a la gran Tenochtitlán era con mucho superior a la europea. Entonces sobrevino la hecatombe…
 

     Con todo respeto, pero es una reverenda tontería que se celebre con tanta alarahaca y jolgorios la fecha que marca el inicio del fin de nuestra gran cultura. Celebramos como el mas enfermo de los masoquistas la matanza de miles, millones de indígenas a mano de los muy católicos españoles. ¿Desde cuando es motivo de celebración la destrucción y el genocidio? ¿Festejamos el asesinato del 95% del total de la población indígena? ¿No deberíamos mejor declararlo Día de Luto Mundial?
 

     Quienes han bautizado este desgraciado acontecimiento como “Encuentro de las Culturas” exudan por cada poro su profunda ignorancia y su desprecio por lo autóctono. El termino encuentro alude a dos o mas para conocerse, para entenderse, para comunicarse. Los españoles no querían ni entendernos, ni conocernos ni comunicarse. Ellos querían oro y esclavos, y eso fue lo que se llevaron a sus tierras a raudales.
 

     La llegada de Cortes a estas tierras es como el segundo capitulo de esta película de terror y sangre. Desde su arribo son comunes las acciones de rapiña, caos, etnocidio, desenfreno de las más bajas pasiones del alma humana. Horror, sufrimiento y castigos son el pan de cada día para los indígenas. Desde entonces no conocen ni la paz ni la dignidad.
 

     Un detallito que parecen olvidar los encargados de contarnos la historia, o que hacen como que se les olvida, es la criminal complicidad de la iglesia católica en la destrucción de nuestra cultura. La Conquista Espiritual se dio por los medios más bajos y ruines que se pueda imaginar: castigos corporales a quien no se declarara católico, bautismos en masa, tortura, destrucción de lugares de culto, sustitución de dioses autóctonos por otros nuevos y linduras parecidas. Fuimos evangelizados literalmente a garrotazo limpio. Con estos santos métodos no nos extraña que muchos crean hasta en Santo Claus. Muchísimos templos y catedrales que datan de tiempos de la Conquista fueron construidos literalmente sobre las ruinas de templos y pirámides prehispánicas y con los mismos materiales. Cuanta santidad, ¿no le parece?.
 

 

     Mucho se a escrito elogiando las hazañas y aventuras de asesinos como Colon, Cortes, Velázquez (ni modo), y demás camarillas de fanáticos homicidas. Ríos de tinta corren para loar a estos “héroes”. Seria interesante ahora tratar de entender y comprender lo que sintieron nuestros padres, la visión de los vencidos. Un fragmento de un poema escrito por un poeta indígena en el Compendio “Cantos Tristes de la Conquista” nos da una reveladora e impactante idea de lo que sintieron:


Y todo eso pasó con nosotros, Nosotros lo vimos, Nosotros lo admiramos. Con esa lamentosa y triste suerte, nos vimos angustiados. Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, era como si bebiéramos agua de salitre.


     A 517 años de estos fatales acontecimientos, la Iglesia Católica celebra con bombos y platillos todas estas matanzas. ¿Usted y yo que festejamos?...

Alfredo Velázquez Macías.   Fred3159@hotmail.com
Los artículos son responsabilidad de quien los escribe y no necesariamente reflejan la postura de la Iglesia La Luz Del Mundo



 


    

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