Y te llamaras Tiburcio…


 

     Desde que estamos en el Jardín de Niños se nos enseña que una de nuestras garantías individuales es el derecho a tener un nombre, propio y personal. En la práctica esto es solo un cuento, un cuento para niños recién destetados, porque a pesar de ser una de las garantías que el Estado esta obligado a respetar a sus gobernados, esta brilla por su ausencia entre las comunidades cristianas evangélicas. Y a las pruebas vamos:
 

     Es común para muchos hermanos cristianos evangélicos que cuando acuden a registrar a uno de sus hijos ante el Registro Civil y querer ponerle un nombre bíblico, quienes los atienden se niegan a registrarlos con el nombre que sus padres ya han escogido para el bebe. La razón que aducen para negarse a su registro, por estúpido e infantil que parezca es que “no es un nombre común”, hágame usted el grandísimo favor. Vea usted entonces el criterio con el que se trabaja en el Registro Civil. Con ese razonamiento, nos están diciendo que estamos obligados a seguir las ideas y las costumbres de las mayorías, en cierta forma nos están negando el derecho a pertenecer a una minoría.

 

 


     Nos parece sumamente delicado que se estén aplicando estos criterios propios del Medioevo en una institución que se supone es laica. Creemos firmemente que el Estado no es quien para exigir a sus ciudadanos que pongan a sus hijos solamente nombres comunes, entiéndase por nombres comunes los que aparecen en el Santoral Católico. Si el Estado se arroga estas facultades, que no nos extrañe que el día de mañana nos exija que debamos ir a misa o santiguarnos cada vez que entremos a una institución publica.

 

 


     Por otro lado, si nos sorprende que en esta materia estén pisoteando los derechos de las minorías religiosas, más nos sorprende que estas minorías religiosas no se defiendan y exijan sus derechos. Podemos acudir ante una institución superior, a los medios, a quien nos quiera escuchar y atender. Ya es tiempo de que el Estado reconozca que quienes pertenecemos a alguna religión no católica somos algo mas que carne de voto, ciudadanos de segunda o parodia de derechos. Como miembros de una comunidad religiosa valemos tanto como quienes profesan la religión de las mayorías. Si queremos ponerle a nuestros hijos un nombre que se identifica con nuestra manera de pensar y percibir la vida, lo podemos hacer les guste o no a los alguaciles del Registro Civil. No exigimos que nos entiendan, pero si que nos respeten. Estamos conscientes que para quien ignora lo relacionado con la cultura Bíblica les parezcan extraños los nombres de la misma. Nosotros respetamos que en su entorno sean comunes nombres como Tiburcio, Cicerón o Benedicto. Exigimos entonces el mismo respeto para que en el nuestro se usen libremente nombres como Aholibama, Vasni o Birzabit, por mencionar algunos.


     El gran teólogo Hans Kung dice: No habrá paz en el mundo si no hay paz entre las religiones. A esto digo yo, no habrá paz entre las religiones si no se respetan los derechos de las mismas. Amen.


Alfredo Velasquez Macias.
Fred3159@hotmail.com


     Los escritos son responsabilidad de quien los escribe y no necesariamente reflejan la postura de la Iglesia La Luz Del Mundo.
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